Las mamás lo usan en la cola; en la espalda; en las axilas; en el pecho; en el cuello y -en general- abajo de los rollitos o pliegues del cuerpo de sus bebés. Sin embargo, muchísimos pediatras le dicen "no" al talco. Pero, ¿por qué? "Hace algunos años dejó de recomendarse: se vio que existe riesgo de inhalación. Esto significa que los niños pueden respirarlo y acabar con problemas en las vías aéreas", contesta la pediatra, influencer y mamá Jimena Le Bellot.

Se trata de una indicación preventiva ante el peligro de que el bebé respire el polvo de la nube, añade el doctor Guido Torres Busquets, médico pediatra. "Además, en el mercado se ofrecen otro tipo de protectores para la piel y los pañales han mejorado su eficacia. Por ello, el talco es cada vez menos frecuente", explica.

- ¿Entonces no deberíamos usarlo?

- No. El talco no va más -reitera Le Bellot-. Por un lado, su inhalación puede llevar a problemas pulmonares serios. Y por el otro cuando ponemos talco en una zona con transpiración, formamos una pasta que termina siendo irritativa.

- ¿Con qué podríamos tratar las irritaciones?

- Primero, hay que hablar con el pediatra para que valore si el sector que asusta se encuentra infectado. Las presentaciones en crema son seguras. No obstante, en ocasiones basta con secar la zona.

El talco es un mineral que es minado de depósitos subterráneos. Al ser suave, se ha vuelto útil para diversos productos. Tradicionalmente, se emplea para la higiene de la piel. Posee propiedades antitranspirantes; absorbentes; blanqueantes y efectos antisépticos y calmantes.

Sin embargo, desde los años sesenta se han reportado casos de bebés que fallecieron por ahogarse tras inhalar polvo y la asociación de pediatras estadounidense estableció en 1981 que no conviene usar talco por los riesgos y porque no tiene ningún valor medicinal.

De hecho, Torres Busquets cuenta que dos veces asistió a bebés de unos ocho meses que se arrojaron talco en la cara y terminaron internados debido a aspiraciones bruscas. Prácticamente, unas asfixias. Por ello, abona por una alternativa segura: cambiar los pañales de manera frecuente para prevenir sarpullidos. Y en consonancia con Le Bellot y las academias de pediatría, insta a usar ungüentos con aceites o cremas.

- Las abuelas suelen ponerle a sus nietos almidón o maicena, ¿qué opina?

- El talco, una vez que satura de agua, ya no puede absorber más. La piel se reseca y lastima. Lo mismo ocurre con otros polvos. El bebé necesita transpirar; necesita tener sus poros libres. Es su modo de ganar o de perder temperatura.

Esos serían los males menores (los relacionados a la piel). Los mayores, los casos como los que asistió Torres Busquets en salas de urgencias. Y también los hay medianos, concluye el pediatra: "la aspiración crónica de talco puede producir depósitos en los pulmones y, con el tiempo, inconvenientes respiratorios".

Un par de años atrás, cerca de 12.000 mujeres presentaron una demanda colectiva en contra de la empresa Johnson&Johnson en la que denunciaban que su talco para bebé era causante de cáncer de ovarios. En una demanda adicional se acusó a la empresa de saber que el talco está contaminado con asbesto, un carcinógeno considerado peligroso hasta en pequeñas cantidades de exposición. Desde la vereda contraria, la compañía argumentó que su talco no contiene asbesto y que las afirmaciones de que el talco causa cáncer no tienen buenos fundamentos científicos. Tras la pandemia, el Tribunal Supremo de Estados Unidos ratificó una indemnización millonaria a favor de una veintena de las demandantes. Hoy, muchos talcos se fabrican con almidón o fécula de maíz.